ENOLOGÍA PARA TODOS: La floración

Entre junio y julio llega otro de los momentos más importantes para la cosecha del año: la floración. Como pasa en todos los árboles frutales, para que haya fruto, antes tiene que haber una flor que se fecunde. La floración es el ciclo reproductor de la viña, y también tiene letra de estado fenológico en la escala de Baggiolini: la letra i, plena floración.

El desarrollo de los órganos reproductores comienza dentro de las yemas el año anterior es decir, en la yema que vemos ahora en la viña ya se encuentran los precursores de los racimos del año que viene. En estas yemas ya hay desarrollados unos organitos minúsculos que se llaman inflorescencias. Estas yemas se dejan en la poda de invierno y cuando llega la primavera, unos dias antes del desborre, las inflorescencias empiezan a desarrollarse y se forman las ramificaciones del racimo que serán las flores de las que saldrán las uvas.

Para entenderlo mejor, la viña en este momento está haciendo crecer los racimos para la vendimia de 2018 y dentro de las yemas se están formando los racimos de la vendimia 2019.

El clima afecta a la fertilidad de la planta, la iluminación es el factor principal para que las inflorescencias se formen dentro de la yema. La temperatura, como siempre, también influye: con climas templados o cálidos, las inflorescencias crecen más y mejor.

La fertilidad de las yemas aumenta con el vigor de la planta, es decir las reservas acumuladas y la capacidad de absorber nutrientes. El viticultor puede modificar la fertilidad de una cepa y de la parcela mediante las técnicas de cultivo que influyen en el vigor, como los abonos o la poda.

No todas las flores de un racimo y, en consecuencia, de una parcela se abren al mismo tiempo, la floración se escalona de diez a quince dias. La flor de la viña es muy especial y efímera. Los pétalos no se abren por arriba, se abren por abajo, quedando como un capuchón verde claro. Cuando este capuchón se cae, los estambres que contienen el polen se separan y se preparan para polinizar otras flores.

La viña es una planta hermafrodita: el polen de una flor fecunda a las flores que están a su lado o a sí misma. Si la floración es correcta, de cada flor del racimo saldrá una uva y madurarán todas a la vez aunque nunca se fecundan el 100% de las flores, algunas son fecundadas y evolucionan a frutos: se dice que cuajan; pero algunas flores no son polinizadas, así que se secan y caen, se dice que se corren. Si durante la floración hay lluvias muy fuertes o mucho viento el corrimiento será mayor y el racimo no será compacto. En algunas ocasiones, los capuchones no se caen a la vez y pasa mucho tiempo entre el primero y el último, el desarrollo de las uvas no se hace al mismo tiempo pudiendo encontrar uvas de todos los tamaños en un mismo racimo: el millerandage.

La flor de la viña, como los lloros, es un espectáculo efímero, así que si podéis, no perdáis ocasión de verlo.

Fuente: Manual de viticultura Alain Reynier 6ª edición.

Cristina Vegas es nieta del fundador de Avelino Vegas. Es licenciada en Biotecnología y cursó sus estudios de Enología en la universidad de Burdeos.

Artículo Original: https://www.vinetur.com